El ajedrez y muchas otras disciplinas nacionales, basquetbol, atletismo, son herederas de más deficiencias y errores que aciertos de anteriores administraciones. Con el añadido de una atmósfera política y social en la que la corrupción y la impunidad son el pan nuestro de cada día. La Federación Nacional de Ajedrez de México (Fenamac) impuso el viernes un castigo por cuatro años al maestro internacional Jesús Aldair Flores Guerrero por suplantar a un jugador en la categoría de cuarta fuerza en el Campeonato Nacional que se realizó en Semana Santa en León, Guanajuato.

No es frecuente que un deportista sea sancionado y es más raro que se apliquen sanciones a los profesionales en función a los intereses económicos que están en juego. En el deporte, la trampa y la simulación se castigan en aras de cumplir la premisa de competir en igualdad de circunstancias. Pero muchas veces, en nuestro país, el rompimiento de las normas deportivas no va más allá de una divertida anécdota que genera risa.

Las evidencias, los testimonios de tres árbitros y dos jugadores e incluso una fotografía en la que en su mano aparece un anillo semejante al de su propiedad revelan, a juicio de la Fenamac, la suplantación. El titular Mario Ramírez Barajas afirma que solicitó al MI Aldair Flores, de la Universidad Anáhuac, que presentara argumentos en descargo de las acusaciones y que Flores respondió con un juicio subjetivo: “Hay personas que desean perjudicarme”, y que rehusó defenderse en relación con las circunstancias.

En otro acontecimiento, en junio de 2015, Aldair Flores fue privado de su libertad tres o cuatro días en el Reclusorio Preventivo Oriente. Lo atraparon unos policías con la evidencia de un bolso que había sido robado a una mujer.

Acaso cualquier otra persona acusada de suplantar a un jugador habría reaccionado y rechazado con mayor energía las acusaciones.

Algunos maestros y jugadores de alto nivel manifiestan dudas y reafirman irregularidades en la conducta y el deportivismo de Aldair Flores. En la partida había en juego una bolsa económica aproximada a los 20 mil pesos. Las informaciones indican que Aldair, con cubreboca y gorra, en posición vencedora proponía a su adversario, con perspectivas al premio, perder el juego y repartir la bolsa económica, cuando, por su voz y figura, fue reconocido. El suplantador de Francisco Gutiérrez, del Estado de México, abandonó la sala con rapidez. Se originó un pequeño alboroto. Unos minutos después, éste se presentó en la sala, en apariencia ajeno a la situación. Los jueces le preguntaron por el lugar donde jugaba y la apertura que había empleado. No contestó y se esfumó tan rápido como llegó. Nadie reclamó el premio.

Allá por los 90, un ajedrecista mexicano cargado de cinismo sustrajo un peón del tablero en partida contra un jugador de Barbados en el Campeonato Mundial, menores de 26 años, celebrado en San Juan de Puerto Rico. El peón le estorbaba para dar jaque mate. Su adversario le demostró la existencia del peón mediante la reproducción de la partida. Y el mexicano tomó un aire de lejanía y ausencia sin conexión con su conducta. El bochornoso acto fue denunciado por escrito por el capitán del equipo y la Fenamac no ejerció castigo.

Ojalá que la sanción deje la lección de preservar los valores morales, y de advertencia y respeto a las personas y al juego limpio. Este castigo, en nuestra sociedad, es como una gota de agua en el desierto.

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