Mario Antonio Ramirez Barajas

Las opiniones expresadas por los columnistas son independientes y no reflejan necesariamente el punto de vista de 24 HORAS.

“Este juego pertenece a todos los pueblos y a todas las épocas
y nadie puede saber de él qué divinidad lo regaló a la Tierra
para matar el tedio, aguzar el espíritu y estimular el alma”
Stefan Zweig

Antonio Damasio, importante neurocientífico, señala como finalidad última de la vida el ser feliz, lo condensa en tres grandes líneas: la primera sentirse bien, la segunda la alegría y la tercera, la percepción de nosotros mismos. Esta última, relacionada con la capacidad desarrollada por el hombre para capturar, gracias a su conciencia, la presencia de un mundo interior, en el cual se refleja, como en la cartografía de un mapa, toda nuestra esencia corporal y, por supuesto, la comprensión de la existencia de este mismo conglomerado de pensamientos e imágenes en otras personas; interactuamos a partir de interpretar desde nuestra particular perspectiva, la potencial conducta de nuestros congéneres, esto tiene un impacto muy significativo en nuestra autopercepción y en lo que percibimos piensan de nosotros.

En pocas palabras somos seres sociales, nuestra civilización está construida sobre los cimientos de la cooperación, no podemos imaginar los avances actuales sin este potencial tan poderoso como para permitirnos alejarnos de nuestra herencia filogenética, de los instintos y vivir en un entorno donde hemos sido capaces de transformar la naturaleza, no siempre para bien, y depender de nuestra cultura y los bienes producidos por ella, más allá de la respuesta dictada por nuestros genes.

Estamos viviendo una pandemia ladrona, perversa, ha tomado como botín de guerra a nuestros semejantes, nos ha robado la compañía de nuestros amigos, compañeros de trabajo y de viaje por la vida. Ha transformado el refugio del hogar en un centro de reclusión.

Las estadísticas de enfermos y fallecidos, no pienso ni siquiera mencionarlas, hay muchas fuentes de las cuales abrevar para comprender la magnitud de esta desgracia moderna. Ahora como nunca, entiendo el sufrimiento de quienes fueron diezmados en la edad media por la peste negra.

Los daños por el confinamiento obligado son manifiestos, cansancio, ansiedad pensamientos negativos, culpa, insomnio, trastornos en el apetito, tristeza e incluso dudas acerca de la existencia real de la pandemia.

En particular me preocupa mucho el impacto entre los niños y los jóvenes, parafraseando al gran poeta uruguayo Mario Benedetti: los responsables del mundo somos los adultos maduros, ¿no debería ser una de nuestras mayores responsabilidades prestar más atención a ellos?

Es necesario generar estrategias de mitigación de los efectos negativos mencionados anteriormente, entre otras podríamos pensar de inmediato en crear una rutina para abatir la sensación de vacío y generar cierto ambiente de normalidad, disminuir el tiempo frente a la televisión, mejorar la alimentación y practicar actividades con el potencial de mejorar las habilidades de pensamiento y reflexión.

En esa línea de razonamiento propongo se considere seriamente la práctica del ajedrez como un poderoso instrumento para, no tan solo disminuir los daños sociales asociados a este letal virus, además para obtener instrumentos de vida.

En principio no podemos dejar de considerar su potencial lúdico y deportivo, existen muchos estudios los cuales demuestran su impacto en el pensamiento, la toma de decisiones, la responsabilidad y honestidad, la adaptabilidad a cambios abruptos, el sentido de logro y la autoestima, la empatía, la capacidad de iniciativa, la mejora significa de la tolerancia a la frustración, pero sobre todo, una de las más valiosas es la capacidad de generar emociones positivas en los momentos más difíciles.

La lógica y el pensamiento analítico tienen un lugar especial en el tablero, se desarrolla una habilidad muy particular para planificar y anticiparse a los movimientos y eso permite generar imágenes mentales de diferentes escenarios posibles y calcular las consecuencias de cada decisión. Esto y mucho más aporta para aquellos quienes lo practican de manera regular.

El ajedrez ha sido objeto de atención de las Bellas Artes, la pintura, literatura, cine y poesía le han dedicado algunos de sus más bellos trabajos; el poeta mexicano Jaime Sabines dijo alguna vez. “El ajedrez nos da una noticia del tiempo, pero en la eternidad; una noticia acerca del tiempo de la perpetuidad”; existen variadas, puntuales y precisas alegorías sobre la relación entre el ajedrez y la vida; El Quijote de Cervantes menciona: “”… aquella del juego del ajedrez, que mientras dura el juego cada pieza tiene su particular oficio, y en acabándose el juego todas se mezclan, juntan y barajan, y dan con ellas en una bolsa, que es como dar con la vida en la sepultura”; para cerrar, una joya del siglo XI, del poeta Omar Khayyam:

Porque esta vida no es
-como probaros espero-,
más que un difuso tablero
de complicados ajedrez.
Los cuadros blancos: los días
los cuadros negros: las noches…
Y ante el tablero, el Destino
acciona allí con los hombres,
como con piezas que mueve
a su capricho y sin orden…
Y uno tras otro al estuche
van, de la nada sin nombre.

Está a tu alcance un arma potente para combatir en el terreno social a esta epidemia perversa, aprende, juega y disfruta de las bondades del ajedrez.

* Doctor en Administración Publica por la Universidad Anáhuac y presidente de la Federación Nacional de Ajedrez de México (FENAMAC). 

FUENTE

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